Ayer fue un día muy triste. Ayer enterraron al Padre de mi mejor amiga. Fue el primer día, desde que empecé con este desafío que sentí que nada tenía sentido.
Mi amiga y yo, compartimos una amistad divina desde que tenemos seis años. Somos el agua y el aceite, la gente que nos conoce no entiende cómo podemos ser tan amigas siendo tan pero tan diferentes. Y la realidad es que por más de que a ella le guste la electrónica y a mi la cumbia, que ella trabaje en fiestas y yo con la computadora, que este toda tatuada y a que a mi me guste usar perlitas, lo que nos une la forma de sentir el mundo.
Mi amiga es de esas personas que entiende todo sin que le digas nada. De esas personas que vibra con la música, que contagia a todos con su alegría y que te presta el hombro sin que le tengas que decirle cuanto lo necesitas.
En todos estos años tuvimos periodos en el que estuvimos muy unidas y otros que no tanto. Pero lo que no les había contado es que desde que empecé este desafío ella y yo nos juntábamos a hacer gimnasia en la rambla, todos los días.
Ella se enteró de la enfermedad del padre, dos semanas antes de que yo me enterara de que mi novio tenía la misma enfermedad de mierda.
Vivimos durante los últimos seis meses este dolor juntas, como vivimos tantas otras cosas juntas.
Hasta que ayer, su comino se separó del mio y le toco despedir a su viejo.
Doy fe de que el padre de mi amiga, tal como ella, era una de esas personas tan especiales, que agradeces haberlas conocido. Nos sacaba a almorzar al colegio cuando teníamos 10 años y nos hablaba de meditación, de buscar la felicidad, de cosas que a esa edad nadie te menciona. Era gracioso e inquieto, y en ningún momento parecía pesarle ser adulto. Era como si viviera otras reglas, las de él mismo, no las de la sociedad. Era un gran Peter Pan, que hizo de la Tierra su Nunca Jamás.
Al ver como su ciclo en este mundo se terminaba, me llene de miedo. De miedo a lo frágil que somos. Como hoy estamos bien, y mañana quizás no estamos. Pensé en mi novio, y quise volver a abandonarme… Es demasiado cruel la muerte, y demasiado injusto el cáncer. Es demasiado injusto que se lleve a gente tan valiosa, y al otro día el mundo vuelva empezar como si no pasara nada.
Ayer fue un día muy triste… confieso que no cumplí conmigo ni con el objetivo.
Pero hoy, más que nunca me doy cuenta de lo importante que es hacer cosas por uno mismo, cuidarse, y mantenerse lejos de la gente y situaciones que nos hacen sufrir.
Este desafío continua por qué el único remedio contra la muerte, es vivir plenamente la vida.
Resultados Semana 2: -1.2 kg